4 de septiembre de 2013

Micropensamientos

"El miedo a las relaciones es, en realidad, miedo a abrirnos a alguien, a mostrarnos vulnerables, y a que nos hagan daños cuando nos confiemos."

3 de septiembre de 2013

A solas

Aprovecho hoy para compartir un pequeño relato que escribí hace ya unos meses para el Segundo Certamen de Relatos Breves "Yo, deportista" convocado por el Instituto Andaluz del Deporte. (Lógicamente) no resultó premiado, aunque sí tuve la oportunidad de publicarlo en formato digital (podéis encontrar el volumen completo aquí). Espero que os guste: 


A solas

Un. Dos. Un. Dos. Un. Dos…

El eco de sus pasos, regular y mecánico, posiblemente era su sonido favorito en el mundo. Le gustaba correr; no había otra forma de expresarlo. Daba igual si hacía frío o calor, si amanecía o anochecía: jamás pasaba un día sin que dedicara al menos un par de horas a esta actividad.

No dejaba de ser curioso: lo cierto es que nunca había sido un hombre muy disciplinado, y se le podía considerar un desastre en muchos otros aspectos de su vida. Pero a la hora de correr se transformaba en una persona diferente.

A menudo, en el trabajo, le preguntaban por el motivo de su afición. Algunos incluso trataban de disuadirle de que continuara con ello utilizando todo tipo de argumentos: la soledad, el cansancio, el dolor… Desde la comodidad de sus aburridas sillas de despacho, cualquier esfuerzo físico parecía un sinsentido mientras golpeaban compulsivamente sus teclados y miraban con nerviosismo el reloj ansiando que llegara la hora del cigarro.

No había duda de que las preguntas de sus compañeros estaban más que justificadas. Al
menos, en el círculo de personas en el que se movía, se le podía considerar un bicho raro. El simple hecho de llevar a cabo algún esfuerzo sin obtener ningún beneficio material a cambio no solo parecía impensable, sino también ridículo.

Ante ese tipo de conversaciones, más habituales de lo deseado, él se limitaba a sonreír tímidamente y a encoger los hombros. De todas formas, aunque intentara explicárselo, jamás lo entenderían. Todo lo que para ellos suponía un problema se transformaba en una ventaja a sus ojos: ¿La soledad? Sin duda, el mejor momento para conocerse a sí mismo, para reflexionar y enfrentarse con qué era de verdad. Del mismo modo, el cansancio había demostrado ser el mejor aliado frente al insomnio. Y el dolor… el dolor le ayudaba a recordar que seguía vivo.

A pesar de todo, era difícil describir con palabras la sensación que le producía ese vicio diario. Le preguntaban que por qué corría y no sabía muy bien qué responder. Mientras lo hacía, sentía que el mundo se ponía en orden: el inexorable avance del segundero; sus pasos acordes, al ritmo del tiempo y el latir de su corazón. Por un momento, daba la impresión de que todo cobraba sentido. Sus problemas diarios, grandes o pequeños, se desvanecían cada vez que golpeaba con las suelas de sus zapatillas. Cuando corría sentía que no había nacido para hacer otra cosa. Y en realidad así era.

Curiosamente, sus días favoritos eran los lluviosos. Días grises y oscuros, en los que reinaba un silencio casi místico, roto únicamente por el repiqueteo del agua. La lluvia hacía que se sintiera libre. Observaba la manera en la que la gente huía de ella, tratando inútilmente de evitar que sus pertenencias se mojaran, como si les fuera la vida en ello. A él, sin embargo, le encantaba llegar a casa calado hasta los huesos. No le importaba mojarse, pues sabía que no tenía nada que perder. En cierto modo, ya lo había perdido todo.

Un, dos. Un, dos. Un, dos…

Le gustaba recordarla así, con esa sonrisa tan encantadora que dibujaba dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. A ella nunca le había gustado ese diminuto capricho de la naturaleza, pero a él le parecía delicioso.

Pensaba en que siempre había sentido celos al verla jugar: centrada en el partido, no existía nada más para ella, y eso le volvía loco. Sabía que jamás lograría atraer tanto su atención como lo hacía aquel deporte. Admiraba y envidiaba a partes iguales la manera en la que la raqueta la completaba, exigiéndole más, pero haciéndola feliz a la vez. Esa compenetración que él jamás había sentido en persona.

Recordaba con una punzada de dolor cómo en otras ocasiones había discutido con ella por ese tema sin que ninguno de los dos llegara a dar su brazo a torcer. Solamente ahora se daba cuenta de lo egoísta que había sido.

Un, dos, un, dos, un, dos…

Se reía de ella cuando le animaba a practicar deporte –tenis no, por supuesto; eso lo guardaba solo para sí-. Él, todo un triunfador, ya había alcanzado más de lo que cualquiera podía desear a su edad, y se regodeaba en el hecho de poder mirar por encima del hombro al resto del mundo desde su recién adquirido sillón de cuero negro de despacho. Nunca había sido de los que se esforzaban sin tener en mente una meta bien definida, y eso no iba a cambiar ahora.

Ella le miraba con dulzura, sin llegar a entenderle, pero aceptándole tal y como era, a pesar de sus diferencias. Al fin y al cabo, eso era el amor.

Un, dos. Un, dos. Un, dos…

Recordaba el día en que empezó a correr. El cielo plomizo, la lluvia diminuta pero constante, y la pena que le embargaba a la vuelta del cementerio. Por primera vez en su vida, la visión de los zapatos oscuros y elegantes se le hacía insoportable, y la corbata le apretaba como una soga alrededor del cuello. Quería gritar, pero en lugar de ello, calló y guardó la compostura. Nadie habría esperado menos de él.

De repente, en aquel momento, ocurrió por primera vez: oyó su voz, clara y cercana, como si estuviera ahí. Echó a correr, sin saber bien si su propósito era alcanzarla o huir de ella. “Vamos, estoy contigo”, le dijo. Y él supo que esa voz no le abandonaría jamás.

Le preguntaban que por qué corría y no sabía muy bien qué responder. Aunque, en su cabeza, la respuesta estaba del todo clara: corría porque era la única manera de no estar solo. Ella corría junto a él… y en cierto modo se alegraba al pensar que los demás jamás lo entenderían.

Un. Dos. Un. Dos. Un. Dos…

(Let music fill your life...)

Micropensamientos

"Todo el mundo tiene un monstruo dentro de si mismo, pero algunos luchan más que otros por evitar que salga a la superficie."

2 de septiembre de 2013

Alicia

Hoy me gustaría presentar aquí un pequeño (pero gran) proyecto que únicamente tiene unos días de vida, pero que esperemos que dé que hablar. Se trata de Alicia, un corto obra de un amigo, Mikel Martínez, y en el que hemos participado algunos amigos más aportando el talento que hemos podido. Ideado con la finalidad de concursar en la segunda edición del Festival "Horror Online Art", Alicia es una obra original, realizada con poco presupuesto pero con mucha ilusión, y con un resultado que, a decir verdad, nos ha dejado muy satisfechos.

Por si tenéis curiosidad, aquí podéis ver el cartel oficial:


Antes de ver el corto, os sugiero que leáis la sinopsis. No quiero adelantar detalles, pero creo que lo agradeceréis durante el visionado: 

Desde el momento en que Mary Ann fija su vista por primera vez en ella, queda completamente obsesionada: la sigue, la imita; hasta que ese fuerte sentimiento se transforma en una vital necesidad de sustituirla. A partir de ese instante empieza un enrevesado y obsesivo viaje por el interior de sus recuerdos, ahora confundidos con las historias que conoce desde niña, donde pretende encontrar su verdadero yo, que quizá ahora está jugando con su mente. 

Ahora sí, ha llegado el momento de ver Alicia. Subid bien los altavoces y seleccionad la opción HD, porque merece la pena: 


Créditos: 
- Guión y dirección: MIKEL MARALC (@MIKweet)
- Reparto: ISABEL HERNÁNDEZ (@isahergo_) - ROSA M. MORALES (@autenticafan) - J.L. CARRASQUILLA (@JL_CarrasCarmo) - MANUEL RAYA (@manoliyors) - ELENA GÓMEZ (@ellegr9)
- Ayudantes de dirección: J.L. CARRASQUILLA - ELENA GÓMEZ
- Diseño de sonido: ISABEL HERNÁNDEZ
- Dirección de arte: ROSA M. MORALES
- Director de fotografía: MIKEL MARALC
- Vestuario, maquillaje y peluquería: ROSA M. MORALES
- Montaje: MIKEL MARALC
- Música: ISABEL HERNÁNDEZ - MIKEL MARALC

En cuanto a la música, os dejo el listado de las obras escogidas (en orden de aparición): 
- Beethoven: Egmont, Overture, Op. 84. 
- Liszt: Faust Symphony, S. 108. 
- Dvorak: Symphony No. 9 ("Del Nuevo Mundo"), Op. 95.  
- Turina: Danzas Fantásticas, N.3: "Orgía", Op. 22. 
- Mussorgsky: Una noche en el monte pelado
- Liszt: Dante Symphony, S. 109. 

Tanto si os ha gustado o no, espero vuestros comentarios (sobre todo, si queréis compartir vuestra propia interpretación de la historia). Personalmente, la experiencia me ha resultado muy positiva (aunque el pobre Mikel haya tenido que aguantar mis quejas una y otra vez), y me ha confirmado algo que ya imaginaba: la interpretación no es lo mío. Enhorabuena a todos los participantes y, en especial, al director, por el resultado. Ánimo con futuros proyectos.

(Let music fill your life...)

1 de septiembre de 2013

Don't Ever Wake Me Up

Me parece increíble, después de tanto tiempo, haber decidido retomar este blog, ya casi olvidado por completo. Mirando en sus archivos, siento una especie de lástima mezclada con remordimientos: las entradas dedicadas a pedir disculpas por mi dejadez prácticamente superan a las que se ocupan de otros temas. Desde luego, la constancia no es algo que me caracteriza cuando de escribir aquí se trata. Por eso esta vez no hago propósito de enmienda: no sé si volveré a escribir por aquí; simplemente, hoy tengo ganas de hacerlo. 

Repasar las entradas anteriores también ha removido algo en mi interior: han pasado ya más de dos años de la última, y puedo apreciar algunas diferencias en mi vida que me separan mucho de la persona que escribió unas líneas aquí por última vez. Algunas (muy) positivas, y otras negativas. Pero diferencias, al fin y al cabo.

Sin embargo, hoy vengo aquí por otro motivo: es 1 de septiembre, mi día menos favorito del año (por no decir que es el que más odio). ¿El motivo? Lo fácil quizás sería decir que es por el final de las vacaciones, o porque hay que volver a la rutina. Pero lo cierto es que eso nunca me ha molestado demasiado. De hecho, mi rutina dentro de una semana no será muy diferente de la que tenía días atrás. Y quizás sea eso lo que me moleste: la sensación de ver que otros avanzan mientras yo me quedo aquí, otro año más. El miedo a que llegue otro 1 de septiembre y me encuentre justo donde estaba el año pasado. Sé que esto se contradice bastante con el párrafo anterior, pero no puedo evitar sentirlo así. 

Aunque no soy persona de rituales, tengo una costumbre (poco original, todo hay que decirlo) que se repite a cada inicio de septiembre, año tras año: escuchar el famoso "Wake Me Up When September Ends" de Green Day. 

Se dice que el origen de esta canción nada tiene que ver con el regreso a la rutina o el final de las vacaciones, sino con algo mucho más serio: fue, precisamente, un 1 de septiembre el día en que falleció el padre de Billie Joe Armstrong, el vocalista del grupo. Según se cuenta, tras el funeral, el músico se encerró en su habitación. Cuando su madre trató de convencerle para que saliera, éste le respondió con las famosas palabras que dan título a la canción. Componer este tema fue, pues, su particular manera de cerrar su herida, mucho tiempo después, tal y como evidencia uno de los versos de la canción: "Like my father's come to pass, seven years has gone so fast..."


El verano se marcha, dejando lo mediocre y llevándose consigo lo mejor; y tú, como el verano, te vas un año más. Por favor, no me despertéis hasta que septiembre acabe. O, mejor, despiértame cuando regreses. 

(Let music fill your life...)

1 de enero de 2011

Beautiful That Way

En época de propósitos creo que la letra de esta canción es una buena forma de afrontar el nuevo año:


Smile, without a reason why
Love, as if you were a child,
Smile, no matter what they tell you
Don't listen to a word they say
Cause life is beautiful that way.

Tears, a tidal wave of tears
Light, that slowly disappears
Wait, before you close the curtain
There is still another game to play
And life is beautiful that way

Here with his eyes forevermore
I will always be as close as you
remember from before
Now that you're out there on your own
Remember what is real and
what we dream is love alone

Keep the laughter in you eyes
Soon your long awaited prize
We'll forget about our sorrows
And think about a brighter day
Cause life is beautiful that way.

We'll forget about our sorrows
And think about a brighter day,
Cause life is beautiful that way
There's still another game to play
And life is beautiful that way.

Feliz 2011. Os deseo lo mejor.

10 de noviembre de 2010

Pasaba por aquí...

En todas las películas hay protagonistas y personajes secundarios. Por algún motivo las vidas de los últimos son menos espectaculares y a menudo ni nos interesan. Pues bien, hace mucho que dejé de sentirme protagonista.

Interpretas miles de papeles: hijo, amigo, estudiante, vecino... y, casi sin notarlo, dejas de vivir tu vida para convertirte en la versión que los demás esperan de ti. De repente, un día, abres los ojos. Te das cuenta de que te has convertido en la pieza de reemplazo: estás ahí cuando te necesitan, pero te olvidan cuando dejas de ser indispensable. Eso sí, debes mantener la compostura porque, si al cabo de un tiempo vuelven a precisar de tu ayuda, tienes que brillar como siempre.

Normalmente te requieren para compensar una pérdida. Esos son los momentos más duros: das tu apoyo, y realmente lo haces de forma desinteresada. Pero cuando vuelves a casa, solo, no puedes dejar de repetirte lo que, en el fondo, sabes que piensas: "¿Lloras porque has perdido? Yo te envidio porque lo has tenido."

Supongo que sólo (sí, con tilde) he tenido un mal día.

(Let music fill your life...)

5 de noviembre de 2010

Remember, remember...


"Remember, remember, the 5th of November..."

Vuelve a ser 5 de Noviembre. Ligado a esta fecha, de forma inevitable, aparece el nombre de Guy Fawkes, uno de los personajes que ha levantado más disparidad de opiniones en la historia de Inglaterra. Terrorista para unos, héroe para otros, es indiscutible que consiguió hacer mella en la sociedad.

Esta noche en tierras británicas es noche de celebraciones: resonarán los fuegos artificiales y, como cada año, Fawkes tendrá el dudoso honor de ser recordado cuando su "muñeco" arda entre los vítores del público. Cruel ironía del destino, que se comporta de forma tan dispar, elevando a algunos al rango de héroes y sometiendo a otros a la humillación pública durante siglos.

Hace ya mucho que se reinterpretó la imagen de este hombre, dejando de ser "el hombre del saco" para convertirse en lo que siempre había sido: un revolucionario que, a su manera (equivocada, por qué no decirlo), luchó por la libertad. Pero claro, no conviene airear esto demasiado. Sigamos con la fiesta y las fogatas, y quizás así olvidaremos que está en nuestra mano cambiar. Robo las palabras a V, el personaje de la adaptación cinematográfica de V for Vendetta, en su versión española: "Nos dicen que recordemos las ideas, no al hombre, porque con un hombre se puede acabar. Pueden detenerle, pueden matarle, pueden olvidarle, pero 400 años más tarde las ideas aún pueden seguir cambiando el mundo".

Con todo esto no pretendo iniciar una revolución. Aunque a veces no nos falten los motivos para hacerlo, nos hemos vuelto demasiado apáticos. Sin embargo, sí que creo que sería un digno homenaje que este año recordáramos a Guy Fawkes como algo más que un criminal, como el símbolo de lo que somos capaces de conseguir. Citando una vez más a V, "Justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras, son metas alcanzables". Eso es algo que no debemos olvidar jamás.

Cambiando de tercio, pero siguiendo con las referencias a V for Vendetta, dejo para el final la última escena de la película, acompañada de la Obertura 1812 de Tchaikovsky. Si no habéis leído el cómic ni visto la película, os recomiendo que lo hagáis. Ambos.



"Remember, remember the 5th of November..."


18 de julio de 2010

Gaudeamus Igitur

Llevo demasiado tiempo retrasando el tener que escribir esta entrada. Pero, aunque me resisto a ello, todas las etapas llegan a su fin, y hay que despedirlas como se merecen. Hagámoslo, pues:

No queda nada nuevo por decir más allá de lo que tantos, en mi situación, han dicho en su momento. Con una extraña mezcla entre tristeza y alegría, el punto final ha caído donde le corresponde. En términos musicales, hemos llegado a la cadencia perfecta de este movimiento orquestal. Y es aquí donde en todos los sentidos la palabra perfecta se llena de significado.

Me concedo la libertad de arriesgarme a caer en todos los tópicos de rigor diciendo que es mucho más lo que he ganado que lo que he perdido. Estos últimos cinco años me han convertido en alguien completamente diferente a lo que era. Ni mejor ni peor; distinta. Me llevo, sin embargo, grandes (muy grandes) amistades, y el recuerdo de algunos de los mejores momentos de mi mediocre vida. Los malos momentos se vuelven borrosos tras los cristales del tiempo, y los buenos relucen con más fuerza que nunca.

Es mucho lo que he aprendido en este tiempo. Y, por supuesto, no sólo me refiero a lo académico, sino a lo personal. Quizás la única espinita que se me ha quedado clavada es la de no haber sabido aprovechar al cien por cien a todas las personas que me han rodeado, tanto en mi titulación como en otras vecinas. Sin embargo, me gusta confiar en que en un futuro cercano el destino quizás conceda otra oportunidad en este aspecto. Nunca se sabe.

Es extraño, pero justo ahora me siento exactamente igual a como me sentía cinco años atrás, cuando acababa de dejar el instituto y pensaba que podía comerme el mundo. Aunque todo es muy distinto de lo que era entonces, la sensación de miedo es la misma. El famoso “vértigo” del que se habla tan a menudo vuelve con más intensidad que nunca. Como entonces, soy consciente de que las cosas cambiarán, y de que, por muchos planes que trate de hacer, al final nada será como imagino.

Pero esto no ha hecho más que terminar, así que aún es pronto para comenzar a hacer planes. Y para concluir esta pobre entrada, que jamás podrá expresar el cúmulo de ideas que se agolpan en mi cabeza, sólo me queda dar las gracias a todas y cada una de las personas que me han acompañado durante este tiempo. Cada uno en su papel, habéis sido perfectos. Por mi parte, aunque lo de exteriorizar mis sentimientos no sea mi fuerte, os recuerdo con mucho, mucho cariño. Si alguna vez, por el motivo que fuera, os puedo ayudar en algo, sabéis dónde encontrarme. Hasta entonces, buena suerte en todo.

Como siempre... Let Music Fill Your Life

18 de junio de 2010

Stockhausen, "Gesang der Junglinge"

Nunca me ha gustado mucho la música electroacústica. No me conmueve. Será que no termino de entenderla, pero me deja más bien indiferente.

En general, confieso que soy de la opinión de que la música contemporánea se aprecia mucho mejor al interpretarla que al escucharla.

Hoy, sin embargo, voy a hacer una excepción. Anoche, mientras estudiaba, me topé por primera vez con esta extraña obre de Stockhausen, titulada Gesang der Junglinge (El canto de los adolescentes). Y no, no me dejó indiferente. De hecho, me provocó miedo, muchísimo miedo. Quizás es por el impacto que me causó por lo que la comparto aquí. Por supuesto, recomiendo estar en una habitación en silencio y disponer de unos buenos auriculares. Sólo así podréis sentir cómo los dichosos niños os acechan por detrás...


Let Music Fill Your Life